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Ubicación: Entre las estrellas
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Publicado: Vie Abr 08, 2005 6:12 pm Título del mensaje: Boletin Guachaca |
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Estimado Compipa:
Ya son cientos los socios que nos han comunicado el local y la cantidad de militantes Guachacas que se juntarán a brindar el 22 de Abril a eso de las 23 horas.
Recordemos que el motivo de ese brindis es; El Tío Roberto. El mejor de los Guachacas.
Es por ello que le enviamos algunos datos del Tío Roberto, por si usted no lo conocía, o por si viene algún cuico a preguntar tonteras.
Si usted compipa, conoció al Tío Roberto, y tiene alguna historia con el, déselas de Cervantes, póngase a escribir y después nos envía su historia, a ver si logramos re construir este pedazo de historia tan nuestro.
Por ahora conozca un poco más al Tío Roberto:
Nos fuimos de Parra
"Yo creía que el genio de la familia era Nicanor
hasta que conocí a la Violeta.
Claro que ahora me quedo con el tío Roberto"
(Manuel Rojas)
Luis Roberto Parra Sandoval, nació el 29 de junio de 1921, en el hospital San Borja de Santiago. Hijo de Nicanor y Clarisa, fue el quinto de los nueve Parra Sandoval después de Nicanor, Hilda, Violeta, Eduardo, (Roberto) y antes de Caupolican, Elba, Lautaro y Oscar.
Le gustaba decir que era guitarrista y poeta popular. Realizó diversos oficios que lo llevaron a recorrer una y otra vez nuestro territorio. De esos viajes y de esas experiencias nos dejó su música, sus obras teatrales, su poesía, su prosa; pícara e ingenua y miles de historias que hasta hoy día, viajan de boca en boca, de mesa en mesa y de vaso en vaso en vaso.
Estudio hasta segundo preparatoria, pero como tan pocas veces ocurre en el arte, su genio era innato. Un Rimbaud de nuestros tiempos.
El Tío Roberto corresponde a esas inclasificables personas, que aparecen muy de tarde en tarde en las sociedades. Y que generalmente son incomprendidas y rechazadas por la misma sociedad.
Gran narrador, superaba con creces el ámbito de lo testimonial, para desarrollar personajes y situaciones ingenuas y a la vez complejas. Todas ellas absolutamente creíbles.
El Tío Roberto es el antihéroe de nuestros tiempos, en ninguna de sus historias aparece como triunfador, o como el narrador que todo lo sabe y que todo lo resuelve. En sus historias, el protagonista es el destino o las fatales y risueñas circunstancias. El tío Roberto siempre aparece como el hombre que tiene la voluntad de hacer bien las cosas, pero las abrumadoras e inexplicables circunstancias terminan por doblarle la mano. Tampoco busca ser la víctima en sus historias, es solo que siempre gana otro y el debe continuar su vida.
El tío Roberto, es una bofetada de sol en pleno rostro, a los académicos y estudiosos de la música y la literatura. Su Negra Ester, revolucionó el teatro chileno. Todos agarraron premios, menos él.
Mejor director, mejor montaje, mejor actor, mejor actriz, mejor música, mejor vestuario, mejor maquillaje. El tío Roberto solo tuvo un premio:
¡Los mejores aplausos!
Curioso, es como si alguien no estuviera preparado socialmente para recibir un galardón, como si su estatura y su vestuario, no dieran el perfil para subir a un escenario a recibir un premio.
Qué decir de su música, aprendida y creada en la calle, en los mercados, en casas de remolienda. ¿Quién como el tocaba la cueca punteada? y que hablar de sus décimas, comenzadas a escribir, solo para demostrarle a Nicanor que el también podía escribir como José Hernández, el autor de Martín Fierro.
Roberto Parra era marginal y marginado. Las sociedades, aún las más democráticas, no tienen capacidad ni repuesta para acoger personajes como él, en parte símbolo, en parte mito, pero por encima de todo, una verdadera metáfora de vida. A gente como él, las sociedades prefiern tomarlos con sus fuerzas centrípetas y arrojarlos fuera. O poner en acción a su ejercito de sepultureros y cubrirlos con tierra, con harta tierra.
Por su parte el tío Roberto, opera de hecho en los bajos fondos -en el barrio chino de la palabra hablada- al margen de toda convención policial o académica. Por favor no se le exija cédula de identidad ni RUT. Es un producto de San Pablo Abajo. No tiene sus papeles en orden (Nicanor Parra)
Lentamente a través de su esposa Catalina Rojas, de su hija Lala, y de su cuñado Dióscoro, los Guachacas hemos sido los receptores naturales de sus historias, algunas llenas de humanidad, otras absolutamente surrealistas, casi todas pícaras y todas enormemente divertidas.
Ya es parte de la inteligencia popular y de la bohemia santiaguina; la historia de aquel día, en que con unos amigos se quedaron sin dinero para seguir bebiendo, se les había acabado el crédito y les crecía la sed.
Decidieron ir a la junta de vecinos y pidieron un permiso escrito, para realizar una colecta destinada a los servicios funerarios del peluquero del barrio, que estaba vivo y ni siquiera sospechaba que le estaban juntando dinero para su funeral. Cuando tuvieron lo suficiente para continuar con la tomatera, volvieron al restaurant.
Por supuesto el primer brindis fue un sentido homenaje al peluquero.
Qué decir de la noche en que al llegar a su casa, encontró un montón de curiosos que rodeaban a un muerto, y el Tío Roberto comenzó a pedir claridad y orden:
- ¿Alguien es familiar o conoce al difunto? Nadie respondió
- ¿En que lado de la calle está el osciso?
- Frente a su puerta Don Roberto
- Entonces está claramente establecido, que el muerto está frente a mi casa, y no tiene familiares ni conocidos. Por tanto el muerto es mío. Los demás pueden retirarse. Yo voy a hablar con él para ver en que circunstancias ocurrió su deceso.
O aquella vez que recibió un dinero por los derechos de La Negra Ester, y eufórico gritaba
- Soy rico y soy famoso.
A continuación, como si fuera el mejor y más natural negocio del mundo, dijo que el dinero lo iba a invertir en cálefont.
- Hartos cálefont.
- Toda la plata en cálefont.
Su razonamiento era sencillo y práctico
- Son pocos los vecinos que tienen cálefont, así que los compro y se los vendo en pequeñas cuotas y ahí vamos recuperando la platita.
Una vez regresando de un viaje, con el grupo de teatro que representaba la Negra Ester, comentaba los errores que cometíamos los chilenos.
- No me explico porque insisten en llamar Londres a la capital de Inglaterra, si todos los que hemos estado allá sabemos que se llama London.-
Es imposible que su hija Lala, que ya comienza a despuntar en las letras, olvide situaciones cotidianas llenas de complicidad.
- ¡Vayan a comprar! Y me traen el vuelto o una buena explicación.
Desde entonces, Lala nunca ha tenido problemas para explicar lo que sea.
Así era el Tío Roberto, inclasificable como los Guachacas.
Con los vasos llenos de sueños y la mirada clavada un poquito más allá de nuestras pequeñeces.
Extracto del libro "Confieso que he bebido"
By SERVER Guachaca. _________________ QUE TIEMPOS AQUELLOS!
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